Nuestra Historia

Hace diez años, en  Junín, Mendoza, nació un lugar pensado simplemente para disfrutar los viernes.

Un espacio entre viñas, montañas y amigos, donde el vino era la excusa perfecta para compartir conversaciones, música, comidas simples y momentos que merecían quedarse para siempre.

Así nació Divendres, que significa viernes en catalán.

Lo que comenzó como una reunión íntima y espontánea fue creciendo con el tiempo, casi de la misma manera en que crecen las vides: lentamente, con paciencia, raíces profundas y mucho cuidado. Cada encuentro dejó huellas, y cada viernes fue construyendo la esencia de este lugar
.
Hoy, Divendres es mucho más que una bodega.

Es una experiencia que une vino, gastronomía, paisaje y arte en un entorno natural único, rodeado de viñedos, jardines y la inmensidad de la cordillera de los Andes. Pero siempre su espíritu original: la calidez de recibir, el valor de lo simple y el placer de compartir.

La reciente incorporación dio vida a nuevos espacios que amplifican esa esencia.
Nació
La Taula, —“la mesa” en catalán—, un lugar donde la cocina celebra los productos de la tierra mendocina y el ritual de reunirse alrededor de una buena comida y una copa de vino.

También desarrollamos nuestro espacio dedicado al arte, pensado para encuentros culturales, música, exposiciones y expresiones que dialogan con el paisaje y la sensibilidad del lugar.

Divendres fue transformándose con el tiempo sin perder su esencia original. La arquitectura del lugar nació desde el respeto por la memoria de la finca, recuperando materiales existentes y dándoles una nueva vida. Cada rincón conserva algo de su historia: desde las maderas y estructuras reutilizadas hasta las rejas artesanales creadas con chapas recicladas, inspiradas en los vínculos y trazos de nuestras etiquetas. Una manera de construir que entiende que lo auténtico no se reemplaza: se transforma, se cuida y permanece.

Los jardines de Divendres fueron concebidos como parte fundamental de la experiencia. Entre olivos antiguos, flores silvestres, caminos de tierra, cada rincón invita a bajar el ritmo y reconectar con la naturaleza.

Porque Divendres nunca fue solamente una bodega.

Es la celebración de los encuentros.
De los viernes que se alargan sin mirar la hora.
Del vino compartido.
De la mesa llena.

De la amistad, el paisaje y los pequeños momentos que terminan convirtiéndose en recuerdos.
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